Sobre el silencio, la soledad y la mirada. (O de como las primeras relaciones con objetos parciales influyen en nuestras relaciones adultas)

Me gusta estar solo, me siento bien, en silencio, con el rumor de mis pensamientos y abrazado a ti, íntima desconocida. Me siento acompañado, pienso sin palabras y me abrigan emociones y sensaciones. Supongo que es el retorno a un mundo pre-verbal, donde la canción es música y no letra, caricias y no poemas, sentimiento y no pudor.

Y dolor, dolor al abrir los ojos rodeado de personas y estar solo. Cada uno en su carcasa. No me hables…, quiero conocerte en tu mirar y sentir como penetras en mi ser, con tu mirada, con tu risa… Impregnarme en lo que sientes, emborracharme con tu son.

Demasiado a menudo no estás y otras, acostumbrado a protegerme, esquivo tu mirada y sufro por lo que pierdo al no ser capaz de renunciar. Y te extraño…, y no me atrevo…, y te extraño. Y me pregunto porqué todo es tan difícil, ¿por qué tengo este temor?

A veces, solo a veces, soy lo bastante valiente como para sentirme vulnerable, y aún así, el recuerdo del dolor, ese desgarro en las entrañas, me hace cerrar los ojos… y te extraño. Me obligo a mirarte, y aunque cohibido, me reconforta tu calor.

Sé que volveré a perderte, a sentir ese vacío, a confiar en tu retorno, pues estás en mi interior. Y a solas, volverás para abrazarme. Dejaré de estar yo solo, me acompañará tu amor.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s